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peligrosos
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Del
artículo "Los pequeños dictadores del consumo",
por Jorge Lomuto (periodista, escritor y poeta)
Revista el Arca del Nuevo Siglo - Año 8 - Nº 38
- Abril de 1999
(El Arca es una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro
S.A.)
(Click en
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"María
de la Fe Álvarez González, licenciada en psicología,
es además poeta, narradora y autora de libros infantiles. Analiza
la influencia que en la conducta infantil ejerce la televisión,
a través de la cual, más que por otros medios, el niño
recibe abundante presión publicitaria. "Entonces el chico
que no tiene los juguetes o prendas que anuncia la TV es como que no
integra ese mundo. Muchos padres no saben decir no, aunque a veces sería
necesario. Con frecuencia son los propios niños que, con su conducta,
están pidiendo que les pongan límites", señala.
Le recordamos que en nuestro país 90,3 % de los hogares tiene
TV color y cada persona ve 3,36 horas diarias de televisión como
promedio. La facturación global de publicidad tiene estos guarismos:
56% en TV, 29% en medios gráficos, 13 % en radio y 2 % en otros
lugares. (Revista Mercado, marzo 1999).
"Algunos cuentos de nuestra infancia eran terroríficos -dice
María de la Fe-, pero sabíamos que se trataba de fantasías.
Ahora el chico no puede separar la violencia que ve en algunos programas
(incluso en los llamados infantiles) y la de algún flash informativo
allí intercalado. Sería muy importante que los padres
acompañaran a los hijos cuando éstos ven televisión,
que no los dejen solos, porque de ese modo podrán ayudarlos a
seleccionar programas y aclarar sus dudas".
Se alarma por "un descenso en la edad del juego. Los juguetes son
abandonados cada vez en más temprana edad, reemplazados por tendencias
que en ciertos casos son peligrosas, como la ambición de muchas
adolescentes por ser modelos. Quieren ser flacas de cualquier manera,
lo que a veces desemboca en anorexia o bulimia, males tan temibles y
difíciles de curar".
Ello actualiza una frase de Bertrand Tavernier, cineasta francés
que ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín con su película
L´Appat (=cebo -para atraer-): "Es asombrosa una sociedad
que explota a niñas de 13 años o menos para convertirlas
en modelos, con la bendición de los padres, orgullosos de verlas
en las tapas de las revistas." (La Nación, 2/4/95).
Convenimos con la licenciada Álvarez González en que a
menudo es importante, más que regalar, regular; y proteger sin
sobreproteger. La receta tiene una sola palabra cuando ésta es
plenamente interpretada. Se llama: afecto."
TEXTO CON COPYRIGHT
El
juego infantil
"... que sepa abrir la puerta
para ir a jugar."
El juguete es universalmente definido como algo para divertir más
que para un uso serio. Sin embargo, un juguete no siempre responde a
este sentido, ya que para el niño es parte de su actividad y
"trabajo" diarios, indispensable para un buen desarrollo,
siendo también valiosa su utilización clínica.
Juguetes primitivos
El primer juguete que recibe un niño es el sonajero.
Se han encontrado sonajeros egipcios de arcilla y barro pertenecientes
al 1360 a. de C.
Originalmente, el sonajero tenía como finalidad ahuyentar a los
malos espíritus.
En cuanto a la muñeca y a los animales de juguete tanto griegos
como los romanos confeccionaban muñecas con brazos y piernas
movibles. Los animales de juguete también eran articulados y
gozaban de cierto movimiento. Había tigres, cocodrilos y ratones
que movían la mandíbula y la cola al tirar de un hilo.
Desde las civilizaciones primitivas hasta la Edad Media es poco lo que
se sabe de los juguetes y ocupaciones infantiles. Es a partir del siglo
XII que se cuenta con nuevos datos.
Los niños se entretenían con trompos y pelotas. Así
como los soldaditos eran el juego preferido por los varones, las muñecas
lo eran para las niñas.
Las alcancías, particularmente el chanchito de arcilla, fueron
conocidas en el siglo XVI.
En esa época tanto niños como adultos jugaban ciertos
juegos como el juego del gallito ciego y las escondidas considerados
actualmente como exclusivamente infantiles.
Durante la Edad Media se conocían también los silbatos
y los juguetes de barro y vidriado.
En el siglo XVII los adultos empiezan a considerar innecesarios los
juegos y los juguetes, ya que el acento se pone sobre la moralidad y
la educación; comenzando así la era de los juegos de mesa
"instructivos".
En 1710 aparece bajo la categoría de juego científico
una curiosa "lámpara mágica" que permitía
proyectar en una pared oscura espectros de monstruos terroríficos.
Los niños, que en su mayoría desconocían su mecanismo,
consideraban aterrorizados que ésta actuaba por arte de magia.
Los rompecabezas se inventaron en 1760-1770 y eran de dos tipos: históricos
y geográficos. Los japoneses fueron buenos constructores de rompecabezas
y los denominaban che-no-ita.
La casa de muñecas más antigua data de 1558. En los siglos
XVII y XVIII las casas de muñecas eran majestuosas. Tenían
un metro y medio de altura, y estaban amuebladas. Eran construidas en
su gran mayoría por artistas orfebres, quienes firmaban sus obras.
La plata fue en metal comúnmente utilizado para estas joyas de
la juguetería. Estas casas estaban destinadas a niños
pertenecientes a la nobleza o a familias de alta posición económica.
En este periodo se alcanzó la perfección en la confección
de las muñecas. Estas representaban reinas y princesas de la
época con una gran fidelidad especialmente en lo que se refiere
a sus vestimentas. Iban pasando de generación en generación
dentro de una misma familia siendo consideradas más como reliquias
familiares que como juguetes.
Los juegos infantiles son en esa época poco estimulados.
Se escriben cuentos que tratan sobre los peligros de los juegos bruscos;
las niñas eran inducidas a realizar tareas manuales como, por
ejemplo, el bordado, y se tendía a introducir entre los niños
sólo los juguetes realmente útiles.
En la época victoriana surgen, paralelamente a los juegos seculares,
las famosas arcas de Noé, como único juguete permitido
a los niños en los días domingos. Existían así
mismo las iglesias de juguete con figuras de sacerdotes, religiosas,
bancos y altares de madera pintada. Los niños se entretenían
con ellas y era común que las llevaran a la iglesia los días
domingos para ser bendecidas por el vicario.
Si bien es cierto que los juguetes han sido siempre creaciones "para"
el niño y no "del" niño, es en el "jugar"
donde éste fija a través de los siglos su patrimonio,
con sus reglas, su lenguaje y su creatividad.
Según Piaget el juego se distingue del acto intelectual más
por su finalidad que por su estructura: el acto intelectual persigue
siempre una meta que se halla fuera de él; el juego, en cambio,
tiene el fin en sí mismo.
Una conquista infantil
Por conquista infantil, se convierten en juguetes -a través de
oportunas metamorfosis-: cosas, animales y máquinas. Se convierten
en juegos las artes, los oficios y las profesiones.
La necesidad del niño de imitar al adulto no es una invención
de la industria del juguete, no es una exigencia inducida; forma parte
de su voluntad de crecer.
El mundo de los juguetes es, por lo tanto, un mundo complejo. También
lo es la actitud del niño hacia el juguete. Por una parte obedece
a sus sugerencias, aprendiendo a usarlo para el juego a que es destinado,
recorriendo todas las posibilidades que ofrece a su actividad; por otra
parte, lo usa como un medio para expresarse, encargándolo casi
de representar sus dramas. El juguete es el mundo que él quiere
conquistar y con el que se mide (de aquí la necesidad de desmontarlo
para ver cómo está hecho; o de destruirlo); pero también
es una proyección, una prolongación de su persona.
La niña que juega con sus muñecas y con su extensísimo
ajuar, muebles, cacharros, platos, electrodomésticos y casas
de miniatura, recapitula en el juego todos sus conocimientos sobre la
vida doméstica, se ejercita en la manipulación de objetos,
en montarlos y desmontarlos, en dar a cada uno un espacio y una función;
pero al mismo tiempo las muñecas le sirven para dramatizar sus
propias relaciones, y eventualmente sus conflictos. Chilla a las muñecas
con las mismas palabras con que le ha gritado la mamá, para descargar
sobre ellas cualquier sentido de culpa. Las mima y las acaricia para
expresar su necesidad de afecto. Puede escoger una para amar y odiar
en manera especial, si ella representa al hermanito del que está
celosa. Estos juegos simbólicos, como ha escrito Piaget, constituyen
una "auténtica actividad del pensamiento".
Utilidad clínica
del juego
El juego ha sido estudiado por psicólogos, filósofos y
pedagogos y aunque muchos de sus hallazgos mantienen su validez, señalaban
sólo aspectos parciales o describían el fenómeno
sin entrar a considerar su significado inconsciente.
Es en la teoría traumática del juego de Freud (quien no
excluye lo ya descripto) donde se explica el fenómeno en su totalidad
y en su esencia. Si bien en "el historial de Juanito" había
interpretado juegos, sueños y fantasías, fue al observar
y analizar el juego de un niño de 18 meses cuando descubrió
los mecanismos psicológicos de la actividad lúdica.
Comprendió, que el niño no jugaba solamente a lo que le
era placentero sino que también repetía al jugar situaciones
dolorosas, elaborando así lo que había sido excesivo para
su yo.
La teoría traumática del juego desarrollada por Freud
no ha sido modificada en sus bases, y sí utilizada para la creación
de nuevas técnicas de acercamiento al inconsciente del niño
en el tratamiento y diagnóstico de las neurosis infantiles.
Lic.
Ma. de la Fe Álvarez González
Psicóloga (M.N. 24769) y Escritora
BIBLIOGRAFÍA:
- "Gramática de la fantasía" - Introducción
al arte de inventar historias.
de Gianni Rodari
Coedición Ediciones Colihue SRL./Blioser
Bs. As./1995
- "Psicopatología y clínica infanto-juvenil"
- Tomo I - de Roberto Reynoso
Ed. De Belgrano 1988.
- "Teoría y Técnica del Psicoanálisis de niños"
de Arminda Aberasturi - Editorial PAIDOS - Bs. As. 1992
(Registro de obra inédita: Exp. N° 135495 - Dirección
Nacional del Derecho de Autor - Bs. As.)
TEXTO CON COPYRIGHT
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NOTA: Este artículo fue publicado, con la debida autorización
de la autora, en el boletín de Literatura Infantil EL MANGRULLO
(Año 3 N° 28 - 1/11/02) www.usuarios.sion.com/mangrullo

Talleres Literarios
Los Talleres Literarios
suelen ser comunes en los países de nuestro entorno cultural.
No todos los asistentes a estos talleres son después escritores.
Pero eso, por lo pronto, no es lo más importante. Los beneficios
del aprendizaje de la creación literaria no siempre están
directamente relacionados con la salida al mercado de una novela o de
un libro de poemas. Tienen más que ver con un modo muy concreto
de configuración de la mirada, del pensamiento y de las emociones.
El gran legado de Piaget consiste en descubrir que el crecimiento humano
no sólo implica saber más, sino pensar de manera diferente.
Más que acumular conocimientos, se hace necesario saber cómo
conocemos el mundo, incluyendo la propia persona como parte integrante
de él.
El acto de escribir:
Escribir es un acto muy complejo. Ante todo es un acto de necesidad,
una necesidad expresiva que nace como fruto de una postura interrogativa
ante la realidad, una necesidad que se origina en el profundo silencio
que deja tras de sí la interrogación del pensamiento,
del sentimiento o de la mirada sobre el mundo. Ese magma de silencio
interrogativo y observador, ese silencio, a veces, del no entender nada,
es el origen del volcán de la escritura. Y escribir no es otra
cosa que no resignarse a ese silencio caótico, no es sino intentar
sujetar la realidad para que no se nos escape, para que no se pierda
en un pozo que puede conducirnos a la locura. Escribir es, pues, un
ordenamiento de la realidad, desvelar zonas ocultas de esa realidad,
creando espacios que ayuden a comprender y comprendernos. Sólo
desde el análisis crítico, desde la necesidad de ordenar
el propio pensamiento y la propia mirada a través del lenguaje,
desde la indagación en las propias emociones, desde la necesidad
de comprender el mundo y de buscar nuevos sentidos, se puede tener una
actitud creativa y transformadora de la realidad que, va más
allá de la escritura de una novela, de un guión cinematográfico
o de un libro de poemas.
Escuela y Taller Literario
En la escuela el niño aprende a escribir y a leer sin que la
escritura que se practica implique, muchas veces, un acto de comunicación.
El aprendizaje de la escritura, por el contrario, termina por absorber
la función misma de la escritura, neutralizándola, desvirtuándola.
En el acto de escritura, el interlocutor no está presente. La
escritura se caracteriza por la ausencia de uno de los protagonistas
del acto comunicativo.
En cambio, en la lectura, el ausente es el autor, el sujeto del enunciado,
el que habla. Por eso mismo, la escritura perdura: cada texto vuelve
a se acto cuando encuentra su lector o sus lectores.
En la lectura, como acto de comunicación que es, el sujeto de
la enunciación está ausente para el lector, pero está,
deja su huella en la manera de decir. A su vez, el lector, o interlocutor,
también está ausente para el que escribe, es decir para
el sujeto de la enunciación.
Por eso, el que escribe "imagina" a su lector y el lector
"imagina" al autor. Es un juego de espejos, de suposiciones,
de implicancias, una compleja relación que se produce en secreto
ante el texto silencioso, un vínculo.
La escuela, que ha posibilitado la inserción de todos aquellos
que nos reconocemos como alfabetos y lectores en nuestro mundo contemporáneo,
también ha creado una suerte de cultura específica y extravagante
cuyo fundamento es ese lenguaje escolar, escrito, lleno de estereotipos.
La mayor parte de las veces se logra superarlo, con el correr del tiempo
y las ganas de comunicarse que todos tienen, por lo menos, alguna vez.
Sin embargo, cuando los niños comienzan a escribirse cartitas
amorosas o quieren llevar un diario con sus vivencias, es decir, cuando
la escritura empieza a hacerse propia, necesaria, íntima, los
hábitos de decir por escrito, automatizados y rígidos,
muchas veces impiden y dificultan la expresión, quitándole
toda esperanza al principiante, que no se reconoce en lo que dice en
el papel y abandona la empresa de hablar consigo mismo en la intimidad
de la escritura y el libro.
La escritura libre, expresiva, con intención literaria o fantasiosa,
encuentra pocos lugares donde expandirse dentro del ámbito escolar
e institucional y termina por querer salir compulsivamente a la luz,
empecinándose en provocar faltas de ortografía a granel,
letras engorrosas y apretujadas, invisibles, aglutinaciones de palabras,
empastes gráficos, desbordes lineales, manchones, dibujitos intempestivos
al margen, en fin, estos textos que calificamos de "borradores"
mientras no se los espulgue de tanta pasión caprichosa y torpe.
La propuesta del taller literario, a todo nivel, y dentro o fuera de
las instituciones educativas, intenta crear un espacio legítimo
para encauzar la potencia creadora que tienen todos los hablantes y
modificar el vínculo con la palabra escrita, sin intentar convertirse,
por ello, en panacea del aprendizaje de la lengua y de la escritura.
Lic. Mª
de la Fe
Álvarez González
Bibliografía:
- La enseñanza de la escritura creativa - José Luis Corrales
-Revista de LIJ Peonza Nº 57 -Cantabria (España), julio/01
- Taller Literario - Una alternativa del aprendizaje creador - Hebe
Solves -Edit. Plus Ultra -Bs. As./04
Este texto pertenece a la monografía presentada en el curso de
postgrado: "El cuento terapéutico" realizado en la
Universidad Caece -Área de Ciencias Pedagógicas. Año
2006
TEXTO CON COPYRIGHT
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