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Mensajes peligrosos

Foto de Ernesto Monteavaro

Del artículo "Los pequeños dictadores del consumo", por Jorge Lomuto (periodista, escritor y poeta)
Revista el Arca del Nuevo Siglo - Año 8 - Nº 38 - Abril de 1999
(El Arca es una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.)

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"María de la Fe Álvarez González, licenciada en psicología, es además poeta, narradora y autora de libros infantiles. Analiza la influencia que en la conducta infantil ejerce la televisión, a través de la cual, más que por otros medios, el niño recibe abundante presión publicitaria. "Entonces el chico que no tiene los juguetes o prendas que anuncia la TV es como que no integra ese mundo. Muchos padres no saben decir no, aunque a veces sería necesario. Con frecuencia son los propios niños que, con su conducta, están pidiendo que les pongan límites", señala.
Le recordamos que en nuestro país 90,3 % de los hogares tiene TV color y cada persona ve 3,36 horas diarias de televisión como promedio. La facturación global de publicidad tiene estos guarismos: 56% en TV, 29% en medios gráficos, 13 % en radio y 2 % en otros lugares. (Revista Mercado, marzo 1999).
"Algunos cuentos de nuestra infancia eran terroríficos -dice María de la Fe-, pero sabíamos que se trataba de fantasías. Ahora el chico no puede separar la violencia que ve en algunos programas (incluso en los llamados infantiles) y la de algún flash informativo allí intercalado. Sería muy importante que los padres acompañaran a los hijos cuando éstos ven televisión, que no los dejen solos, porque de ese modo podrán ayudarlos a seleccionar programas y aclarar sus dudas".
Se alarma por "un descenso en la edad del juego. Los juguetes son abandonados cada vez en más temprana edad, reemplazados por tendencias que en ciertos casos son peligrosas, como la ambición de muchas adolescentes por ser modelos. Quieren ser flacas de cualquier manera, lo que a veces desemboca en anorexia o bulimia, males tan temibles y difíciles de curar".
Ello actualiza una frase de Bertrand Tavernier, cineasta francés que ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín con su película L´Appat (=cebo -para atraer-): "Es asombrosa una sociedad que explota a niñas de 13 años o menos para convertirlas en modelos, con la bendición de los padres, orgullosos de verlas en las tapas de las revistas." (La Nación, 2/4/95).
Convenimos con la licenciada Álvarez González en que a menudo es importante, más que regalar, regular; y proteger sin sobreproteger. La receta tiene una sola palabra cuando ésta es plenamente interpretada. Se llama: afecto.
"

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El juego infantil
"... que sepa abrir la puerta
para ir a jugar."


El juguete es universalmente definido como algo para divertir más que para un uso serio. Sin embargo, un juguete no siempre responde a este sentido, ya que para el niño es parte de su actividad y "trabajo" diarios, indispensable para un buen desarrollo, siendo también valiosa su utilización clínica.


Juguetes primitivos
El primer juguete que recibe un niño es el sonajero.
Se han encontrado sonajeros egipcios de arcilla y barro pertenecientes al 1360 a. de C.
Originalmente, el sonajero tenía como finalidad ahuyentar a los malos espíritus.

En cuanto a la muñeca y a los animales de juguete tanto griegos como los romanos confeccionaban muñecas con brazos y piernas movibles. Los animales de juguete también eran articulados y gozaban de cierto movimiento. Había tigres, cocodrilos y ratones que movían la mandíbula y la cola al tirar de un hilo.
Desde las civilizaciones primitivas hasta la Edad Media es poco lo que se sabe de los juguetes y ocupaciones infantiles. Es a partir del siglo XII que se cuenta con nuevos datos.
Los niños se entretenían con trompos y pelotas. Así como los soldaditos eran el juego preferido por los varones, las muñecas lo eran para las niñas.
Las alcancías, particularmente el chanchito de arcilla, fueron conocidas en el siglo XVI.
En esa época tanto niños como adultos jugaban ciertos juegos como el juego del gallito ciego y las escondidas considerados actualmente como exclusivamente infantiles.
Durante la Edad Media se conocían también los silbatos y los juguetes de barro y vidriado.
En el siglo XVII los adultos empiezan a considerar innecesarios los juegos y los juguetes, ya que el acento se pone sobre la moralidad y la educación; comenzando así la era de los juegos de mesa "instructivos".
En 1710 aparece bajo la categoría de juego científico una curiosa "lámpara mágica" que permitía proyectar en una pared oscura espectros de monstruos terroríficos. Los niños, que en su mayoría desconocían su mecanismo, consideraban aterrorizados que ésta actuaba por arte de magia.
Los rompecabezas se inventaron en 1760-1770 y eran de dos tipos: históricos y geográficos. Los japoneses fueron buenos constructores de rompecabezas y los denominaban che-no-ita.
La casa de muñecas más antigua data de 1558. En los siglos XVII y XVIII las casas de muñecas eran majestuosas. Tenían un metro y medio de altura, y estaban amuebladas. Eran construidas en su gran mayoría por artistas orfebres, quienes firmaban sus obras. La plata fue en metal comúnmente utilizado para estas joyas de la juguetería. Estas casas estaban destinadas a niños pertenecientes a la nobleza o a familias de alta posición económica.
En este periodo se alcanzó la perfección en la confección de las muñecas. Estas representaban reinas y princesas de la época con una gran fidelidad especialmente en lo que se refiere a sus vestimentas. Iban pasando de generación en generación dentro de una misma familia siendo consideradas más como reliquias familiares que como juguetes.
Los juegos infantiles son en esa época poco estimulados.
Se escriben cuentos que tratan sobre los peligros de los juegos bruscos; las niñas eran inducidas a realizar tareas manuales como, por ejemplo, el bordado, y se tendía a introducir entre los niños sólo los juguetes realmente útiles.
En la época victoriana surgen, paralelamente a los juegos seculares, las famosas arcas de Noé, como único juguete permitido a los niños en los días domingos. Existían así mismo las iglesias de juguete con figuras de sacerdotes, religiosas, bancos y altares de madera pintada. Los niños se entretenían con ellas y era común que las llevaran a la iglesia los días domingos para ser bendecidas por el vicario.
Si bien es cierto que los juguetes han sido siempre creaciones "para" el niño y no "del" niño, es en el "jugar" donde éste fija a través de los siglos su patrimonio, con sus reglas, su lenguaje y su creatividad.
Según Piaget el juego se distingue del acto intelectual más por su finalidad que por su estructura: el acto intelectual persigue siempre una meta que se halla fuera de él; el juego, en cambio, tiene el fin en sí mismo.

Una conquista infantil
Por conquista infantil, se convierten en juguetes -a través de oportunas metamorfosis-: cosas, animales y máquinas. Se convierten en juegos las artes, los oficios y las profesiones.
La necesidad del niño de imitar al adulto no es una invención de la industria del juguete, no es una exigencia inducida; forma parte de su voluntad de crecer.
El mundo de los juguetes es, por lo tanto, un mundo complejo. También lo es la actitud del niño hacia el juguete. Por una parte obedece a sus sugerencias, aprendiendo a usarlo para el juego a que es destinado, recorriendo todas las posibilidades que ofrece a su actividad; por otra parte, lo usa como un medio para expresarse, encargándolo casi de representar sus dramas. El juguete es el mundo que él quiere conquistar y con el que se mide (de aquí la necesidad de desmontarlo para ver cómo está hecho; o de destruirlo); pero también es una proyección, una prolongación de su persona.
La niña que juega con sus muñecas y con su extensísimo ajuar, muebles, cacharros, platos, electrodomésticos y casas de miniatura, recapitula en el juego todos sus conocimientos sobre la vida doméstica, se ejercita en la manipulación de objetos, en montarlos y desmontarlos, en dar a cada uno un espacio y una función; pero al mismo tiempo las muñecas le sirven para dramatizar sus propias relaciones, y eventualmente sus conflictos. Chilla a las muñecas con las mismas palabras con que le ha gritado la mamá, para descargar sobre ellas cualquier sentido de culpa. Las mima y las acaricia para expresar su necesidad de afecto. Puede escoger una para amar y odiar en manera especial, si ella representa al hermanito del que está celosa. Estos juegos simbólicos, como ha escrito Piaget, constituyen una "auténtica actividad del pensamiento".

Utilidad clínica del juego
El juego ha sido estudiado por psicólogos, filósofos y pedagogos y aunque muchos de sus hallazgos mantienen su validez, señalaban sólo aspectos parciales o describían el fenómeno sin entrar a considerar su significado inconsciente.
Es en la teoría traumática del juego de Freud (quien no excluye lo ya descripto) donde se explica el fenómeno en su totalidad y en su esencia. Si bien en "el historial de Juanito" había interpretado juegos, sueños y fantasías, fue al observar y analizar el juego de un niño de 18 meses cuando descubrió los mecanismos psicológicos de la actividad lúdica.
Comprendió, que el niño no jugaba solamente a lo que le era placentero sino que también repetía al jugar situaciones dolorosas, elaborando así lo que había sido excesivo para su yo.
La teoría traumática del juego desarrollada por Freud no ha sido modificada en sus bases, y sí utilizada para la creación de nuevas técnicas de acercamiento al inconsciente del niño en el tratamiento y diagnóstico de las neurosis infantiles.

Lic. Ma. de la Fe Álvarez González
Psicóloga (M.N. 24769) y Escritora

BIBLIOGRAFÍA:
- "Gramática de la fantasía" - Introducción al arte de inventar historias.
de Gianni Rodari
Coedición Ediciones Colihue SRL./Blioser
Bs. As./1995
- "Psicopatología y clínica infanto-juvenil" - Tomo I - de Roberto Reynoso
Ed. De Belgrano 1988.
- "Teoría y Técnica del Psicoanálisis de niños"
de Arminda Aberasturi - Editorial PAIDOS - Bs. As. 1992

(Registro de obra inédita: Exp. N° 135495 - Dirección Nacional del Derecho de Autor - Bs. As.)

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NOTA: Este artículo fue publicado, con la debida autorización de la autora, en el boletín de Literatura Infantil EL MANGRULLO (Año 3 N° 28 - 1/11/02) www.usuarios.sion.com/mangrullo

Talleres Literarios

Los Talleres Literarios suelen ser comunes en los países de nuestro entorno cultural. No todos los asistentes a estos talleres son después escritores. Pero eso, por lo pronto, no es lo más importante. Los beneficios del aprendizaje de la creación literaria no siempre están directamente relacionados con la salida al mercado de una novela o de un libro de poemas. Tienen más que ver con un modo muy concreto de configuración de la mirada, del pensamiento y de las emociones. El gran legado de Piaget consiste en descubrir que el crecimiento humano no sólo implica saber más, sino pensar de manera diferente. Más que acumular conocimientos, se hace necesario saber cómo conocemos el mundo, incluyendo la propia persona como parte integrante de él.

El acto de escribir: Escribir es un acto muy complejo. Ante todo es un acto de necesidad, una necesidad expresiva que nace como fruto de una postura interrogativa ante la realidad, una necesidad que se origina en el profundo silencio que deja tras de sí la interrogación del pensamiento, del sentimiento o de la mirada sobre el mundo. Ese magma de silencio interrogativo y observador, ese silencio, a veces, del no entender nada, es el origen del volcán de la escritura. Y escribir no es otra cosa que no resignarse a ese silencio caótico, no es sino intentar sujetar la realidad para que no se nos escape, para que no se pierda en un pozo que puede conducirnos a la locura. Escribir es, pues, un ordenamiento de la realidad, desvelar zonas ocultas de esa realidad, creando espacios que ayuden a comprender y comprendernos. Sólo desde el análisis crítico, desde la necesidad de ordenar el propio pensamiento y la propia mirada a través del lenguaje, desde la indagación en las propias emociones, desde la necesidad de comprender el mundo y de buscar nuevos sentidos, se puede tener una actitud creativa y transformadora de la realidad que, va más allá de la escritura de una novela, de un guión cinematográfico o de un libro de poemas.


Escuela y Taller Literario
En la escuela el niño aprende a escribir y a leer sin que la escritura que se practica implique, muchas veces, un acto de comunicación. El aprendizaje de la escritura, por el contrario, termina por absorber la función misma de la escritura, neutralizándola, desvirtuándola.
En el acto de escritura, el interlocutor no está presente. La escritura se caracteriza por la ausencia de uno de los protagonistas del acto comunicativo.
En cambio, en la lectura, el ausente es el autor, el sujeto del enunciado, el que habla. Por eso mismo, la escritura perdura: cada texto vuelve a se acto cuando encuentra su lector o sus lectores.
En la lectura, como acto de comunicación que es, el sujeto de la enunciación está ausente para el lector, pero está, deja su huella en la manera de decir. A su vez, el lector, o interlocutor, también está ausente para el que escribe, es decir para el sujeto de la enunciación.
Por eso, el que escribe "imagina" a su lector y el lector "imagina" al autor. Es un juego de espejos, de suposiciones, de implicancias, una compleja relación que se produce en secreto ante el texto silencioso, un vínculo.
La escuela, que ha posibilitado la inserción de todos aquellos que nos reconocemos como alfabetos y lectores en nuestro mundo contemporáneo, también ha creado una suerte de cultura específica y extravagante cuyo fundamento es ese lenguaje escolar, escrito, lleno de estereotipos.
La mayor parte de las veces se logra superarlo, con el correr del tiempo y las ganas de comunicarse que todos tienen, por lo menos, alguna vez. Sin embargo, cuando los niños comienzan a escribirse cartitas amorosas o quieren llevar un diario con sus vivencias, es decir, cuando la escritura empieza a hacerse propia, necesaria, íntima, los hábitos de decir por escrito, automatizados y rígidos, muchas veces impiden y dificultan la expresión, quitándole toda esperanza al principiante, que no se reconoce en lo que dice en el papel y abandona la empresa de hablar consigo mismo en la intimidad de la escritura y el libro.
La escritura libre, expresiva, con intención literaria o fantasiosa, encuentra pocos lugares donde expandirse dentro del ámbito escolar e institucional y termina por querer salir compulsivamente a la luz, empecinándose en provocar faltas de ortografía a granel, letras engorrosas y apretujadas, invisibles, aglutinaciones de palabras, empastes gráficos, desbordes lineales, manchones, dibujitos intempestivos al margen, en fin, estos textos que calificamos de "borradores" mientras no se los espulgue de tanta pasión caprichosa y torpe.
La propuesta del taller literario, a todo nivel, y dentro o fuera de las instituciones educativas, intenta crear un espacio legítimo para encauzar la potencia creadora que tienen todos los hablantes y modificar el vínculo con la palabra escrita, sin intentar convertirse, por ello, en panacea del aprendizaje de la lengua y de la escritura.

Lic. Mª de la Fe
Álvarez González

Bibliografía:
- La enseñanza de la escritura creativa - José Luis Corrales -Revista de LIJ Peonza Nº 57 -Cantabria (España), julio/01
- Taller Literario - Una alternativa del aprendizaje creador - Hebe Solves -Edit. Plus Ultra -Bs. As./04


Este texto pertenece a la monografía presentada en el curso de postgrado: "El cuento terapéutico" realizado en la Universidad Caece -Área de Ciencias Pedagógicas. Año 2006

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